Miré de reojo el borde.
Me acerqué con cuidado y puse los dedos de los pies en el filo rugoso, uno por uno, agarrandomé bien, haciendo equilibrio, mirando desde arriba. Un metro y sesentayocho centímetros más arriba estaba mi cabeza y menos de un milímetro por debajo, las posibilidades del todo y la nada combinadas en infinitas tramas de colores.
Yo apostaba por el todo. Y por los colores.
Sin pensarlo mucho -me habían convencido de que este hábito mío de pensar no era tan bueno, de que tenía que deshacerme de él por rato- llevé la cadera hacia los talones poniéndome de cuclillas e inmediatamente después, en un magnífico impulso de mis cuadriceps, me despegué del suelo, del borde, del filo y llevé el peso del pecho hacia adelante en un salto magistral.
Una vez en el aire desplegué los brazos como alas de pájaro. Fuerte, amplio, abierto.
Miré para adelante y para abajo, todo era celeste, se me dibujó una sonrisa en los labios. Así que esto eran las posibilidades, mirá vos... ¿y ahora como sigue? ¿el todo o la nada?
Y ahí arrancó el vértigo.
Las alas de pájaro guía se transformaron en alas de Ícaro.
El celeste se transofrmó en gris. La sonrisa en tensión mandibular.
Abrí los ojos y estaba de nuevo en el asiento de plástico de la última fila del E1 que me lleva a mi casa. Las lágrimas me brotaban despacito de los ojos; saladas, llenas de polvo (de la caída y del que se filtra por la ventanilla).
Anoche antes de dormir me di cuenta de que la tristeza se siente como una nube gris en la base de los omóplatos que impregna también la parte de atrás de los antebrazos en un cosquilleo insoportable.
Yo no quiero más nubes grises.
onsdag, september 09, 2009
fredag, september 04, 2009
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I am not young enough to know everything.
·Oscar Wilde·
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