Me tomo un avión hoy, otro pasado mañana y otro el viernes para volver a mi punto de partida. Cada vuelta es un torbellino.
El otro día le contaba a Momo que hace dos años que no tengo casa, que mi casa esta cambiando, que se mueve. Momo me dice que desde que se fue de Yugoslavia porque no se podía más con el Mariscal su casa se transformó tantas veces que ya perdió la cuenta.
Copenhagen es su casa desde hace casi diez años. Pero sigue sintiendo la constante necesidad de movimiento. Por eso nos conocimos. Por eso estuvimos en Berlin y después en Copenhagen mientras me trataba de enseñar a hacer la vertical en un parque en donde nos perseguían los patos.
Copenhagen es un poco mi casa también. Como Córdoba. Como Berlin, aunque ahí siempre me siento un poco más atolondrada.
Y ahora, tengo un solo día por delante y me voy, y tengo un miedo mirá. Este pánico que me agarra siempre... pero con un poquito más de angustia. Porque todo se agranda a medida que uno se enrieda más y más en las calles de una ciudad. Porque me quedaron mil cosas por hacer. Porque ayer, cuando estaba en la playa de Ishøj, y me pegaba el viento helado en la cara, y las olas me hacían cosquillas en las botas de lluvia, me escondí un poco del frío en el rompevientos prestado y lloré.
Y ahora tengo ese noséque en la mandíbula. Entendés?
Mi vuelo sale de Kastrup a las 21.20hs.
tirsdag, maj 27, 2008
fredag, maj 23, 2008
I'm a big big girl.
Y del otro lado del mundo, con un sol enorme, un cielo despejado, un colchón de una plaza y media, el pelo enredado, una remera verde (nuevita) tirada en el piso, una laptop ajena al lado mío, otra performance más encima y tres por venir, un proyecto propio para el año que viene, un pasaje de avión para el 27 y otro para el 29, una botella de Evian vacía, el corazón latiendo fuerte, un poco de sueño en los ojos, agua hirviendo en una olla para hacer café y sin haberme cepillado los dientes, me digo:
Bienvenidos sean los 24... tienen mucho que superar.-
Bienvenidos sean los 24... tienen mucho que superar.-
mandag, maj 19, 2008
Istedgade al 70
Después de la vorágine de Berlin me desmayo en Copenhagen.
Es indescriptible como nunca me siento fuera de lugar acá. Es una casa.
Mi mochila está que explota, la cabeza también. Ayer anduve en un bote por el canal de atrás de Christiania (y todos los otros) con un danés, una alemana de madre española y mi coterránea, por mucho más de una hora... el sol brillaba fuerte y a veces jugaba a las escondidas, la temperatura nunca sube de los 15. Si te descuidás, te empieza a pegar el viento y se te enfrían las orejas.
Hace un par de días me sentaba en el pastito del Månefiskeren a comer sanguchitos de atún con vino argentino y a hablar hasta por los codos (con tonada cordobesa) de México, de Chile, de performance, de hilos de plata, de proyectos. Me cansé de proyectar y armar y planear, de acá al 2010 te diría.
Anoche me encerré en un sucuchito del centro que ni sé como se llamaba y vi un desfile de pianistas, contrabajistas, trompetistas, bateristas que tocaban jazz como si lo hubieran ensayado por años cuando en realidad ni se conocían. Fui y volví en bici. La ciudad desierta.
Hoy me levanté temprano y la acompañe a la alemana a la parada del colectivo que la devuelve a Berlin. Me quedé sola en un departamento hermoso y amplio, y me dediqué a ordenarme. Todavía me queda mucho/muy poco tiempo, así que decidí no programar nada, y dejar que Copenhagen me vuelva a fluir por las venas, como hace más o menos dos años.
Es indescriptible como nunca me siento fuera de lugar acá. Es una casa.
Mi mochila está que explota, la cabeza también. Ayer anduve en un bote por el canal de atrás de Christiania (y todos los otros) con un danés, una alemana de madre española y mi coterránea, por mucho más de una hora... el sol brillaba fuerte y a veces jugaba a las escondidas, la temperatura nunca sube de los 15. Si te descuidás, te empieza a pegar el viento y se te enfrían las orejas.
Hace un par de días me sentaba en el pastito del Månefiskeren a comer sanguchitos de atún con vino argentino y a hablar hasta por los codos (con tonada cordobesa) de México, de Chile, de performance, de hilos de plata, de proyectos. Me cansé de proyectar y armar y planear, de acá al 2010 te diría.
Anoche me encerré en un sucuchito del centro que ni sé como se llamaba y vi un desfile de pianistas, contrabajistas, trompetistas, bateristas que tocaban jazz como si lo hubieran ensayado por años cuando en realidad ni se conocían. Fui y volví en bici. La ciudad desierta.
Hoy me levanté temprano y la acompañe a la alemana a la parada del colectivo que la devuelve a Berlin. Me quedé sola en un departamento hermoso y amplio, y me dediqué a ordenarme. Todavía me queda mucho/muy poco tiempo, así que decidí no programar nada, y dejar que Copenhagen me vuelva a fluir por las venas, como hace más o menos dos años.
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I am not young enough to know everything.
·Oscar Wilde·
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