- el olor a las milanesas de mi abuela materna.
- el mate amargo [y pampeano] de las siestas de facultad con Angie.
- la tierra de la calle que se empecina en entrar cuando hace mucho que no llueve.
- los colores, olores y sonidos del Estadio Alberdi los domingos.
- la risa de mi hermanito y el constante sonar de su bajo.
- los comentarios ácidos de mi Tía Telli acerca de cualquier cosa que sucede, siempre acompañados de alguna cara irreproducible.
- el andar de mi auto antes de ir a buscar a la primera de la tanda de amigas, para salir a bailar a un lugar que conocemos de memoria.
- el humo de los cigarrillos de mis cuatro *Chicas del Club* en cada ensayo, y el pururú de la casa de Euge.
- la cara de Juan, nuestro director, cada vez que nos dispersamos.
- mi almohada de plumas [aunque esto es "llevable"].
- el olor de la casa de mi papá, y los postres royal con vainillas.
- el despertar silencioso en mi casa, porque para mí y para mi mamá hablar mas de lo estrictamente necesario antes de las 9:30 es pecado.
- las noches peliculescas con Pía y Mery.
- los caramelos de dulce de leche.
... y sin embargo, a veces, me dan *tantas* ganas de irme.

